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diciembre 17, 2004

Piel de serpiente

Los spammers son tan venenosos como las serpientes y mudan de piel más a menudo que los reptiles de lengua bífida. Ora te mandan un correo desde las Maldivas para colocarte un alargamiento o reoponerte la Viagra a precio de saldo, ora otro desde Kazajstán ulterior para que te forres sin salir de casi haciendo nada. Son difíciles de cazar. Lo peor que puede hacer un internauta para frenar el bombardeo de basura es darse de baja, como demostró un periodista de Salon que se metió en la piel de un spammer. Consiguió que BlackMarketMoney.com le contratase para enviar spam bajo su cuerda, lo que le reportaría un 40% sobre cada venta que realizase gracias al envío masivo de mensajes. Para empezar a trabajar, la empresa espameadora, caigan todos los males del infierno sobre ella, le dio acceso a las 500.000 direcciones de correo "buenas" de potenciales clientes. Eran buenas porque detrás de cada una había un incauto que había pinchado el enlace ese que promete que nadie te molestará más. Nada más lejos de la realidad, quien pinche tal vínculo debe saber que queda automáticamente fichado como objetivo a hostigar. Entre las direcciones de la víctimas había algunas de empresas, como HP y Microsoft, a cuyos empleados se les supone la suficiente ducha como para no caer en la trampa. Más

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